Inteligencia emocional en las organizaciones

A pesar de los años que lleva de desarrollo, investigación y puesta en práctica; el concepto de inteligencia emocional es un concepto relativamente reciente en el mundo laboral. Ha sido en estos últimos años cuando las organizaciones más se han interesado por la formación y el desarrollo de la IE de sus equipos de trabajo, aun así, todavía quedan grandes campos sin explorar y tanto en salud, como en educación como en el tejido empresarial se siguen detectando carencias emocionales que afectan, en primer lugar, al comportamiento de los individuos y, posteriormente, al de las organizaciones.

Hasta el momento, la inteligencia emocional ha ido cobrando presencia en el ámbito educativo, académico, deportivo y laboral, y hay datos que demuestran que ha contribuido a una mayor eficiencia de los individuos y las organizaciones.

Si analizamos en general, el entorno laboral observaremos que ya no sólo se juzga la formación o experiencia de una persona para un puesto de trabajo, sino que también se tiene en cuenta su IE, que es la que estudia nuestro éxito profesional y laboral a través del modo en que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás, y que con mayor frecuencia determina quiénes conseguirán y perseverarán mayor tiempo un contrato laboral.

Históricamente es a partir de mediados de los noventa, cuando la inteligencia emocional es un tema de interés general por parte de la sociedad, de tal forma que empiezan a aparecer artículos (primero en revistas de divulgación y después en científicas) y libros sobre el tema.

Investigadores como Goleman y Cherniss han demostrado cómo incluir aspectos de inteligencia emocional en la gestión empresarial repercute positivamente en la gestión de las personas y los recursos, lo que a su vez influye en los beneficios económicos de las empresas.

En España a pesar de que el estudio de la inteligencia emocional ha sido posterior al de otros países, las investigaciones científicas están experimentado un creciente desarrollo. No sólo hemos incrementado los estudios al respecto sino que se parte de un consenso en la comunidad científica, los métodos de evaluación de la inteligencia, conocidos como los test de cociente intelectual, que han sido llevados a cabo durante años, no son suficientes para valorar todas las capacidades presentes en una persona y garantizar su éxito profesional. Entendiendo por éxito la adecuada gestión de sus capacidades y talentos, y la puesta en práctica de los mismos en una organización.

Cuando decidimos aplicar la inteligencia emocional a las organizaciones partimos de la premisa de que todos los individuos poseen unas determinadas capacidades emocionales innatas.

[alert type="info" close="false"]Éstas no tienen por qué ser las mismas en todas las personas ni estar desarrolladas en la misma medida, dependen de las cualidades personales, conocimiento, experiencia y madurez de los individuos.[/alert]

Pero para la consecución de competencia emocional, es necesario que las capacidades emocionales de los profesionales (innatas y adquiridas) se pongan en práctica, es decir, se manifiesten como habilidades emocionales. El desarrollo de estas habilidades contribuye a un conocimiento más exhaustivo de las propias emociones, lo que implica el poder regularlas hacia los objetivos deseados.

Que los individuos manifiesten sus emociones de una forma controlada ha sido durante años la educación recibida y el comportamiento socialmente aceptado. Las emociones han sido vistas como obstáculos para nuestras relaciones por lo que debían ser reprimidas. Y esta afirmación se pone especialmente de manifiesto en el entorno laboral, donde es considerado poco profesional la expresión de emociones tanto positivas como negativas, por lo que se fomenta un clima emocionalmente neutro.

Y esto, a pesar de que las emociones son absolutamente decisivas en la toma de decisiones, la resolución de conflictos, las relaciones interpersonales, etc.

[box style="1"]Por todo ello consideramos que en las relaciones laborales deben estar basadas en el entendimiento entre los miembros de una organización, y ello, sólo es posible a través de la comprensión del comportamiento emocional propio y ajeno.[/box]

De ahí que para contribuir a un clima laboral óptimo, consideremos preciso recurrir a una estructura sólida de desarrollo de la inteligencia emocional, tal y como proponen Salovey y Mayer, en su modelo científico. El primer elemento que tienen en cuenta estos investigadores es la percepción emocional, ya que es el nivel más básico en el desarrollo de habilidades, durante la cual los individuos toman conciencia de su capacidad emocional, lo que les permite identificar sus propias emociones y las de los demás. Una vez que se ha desarrollado esa habilidad es necesario manejar esas emociones hacia una finalidad, favoreciendo la toma de decisiones y la resolución de los problemas, lo que Salovey y Mayer identifican como facilitación emocional. Lo aprendido anteriormente permite que los individuos desarrollen su comprensión emocional, que es la que les proporcionará entender el funcionamiento de las emociones y los distintos estados emocionales que éstas generan.

Por último, nos gustaría destacar que consideramos que las competencias de inteligencia emocional pueden y deben desarrollarse. “No obstante, el desarrollo requiere tiempo, compromiso y apoyo. Además, las empresas suelen impedir más que facilitar el proceso de desarrollo. El énfasis en producir resultados inmediatos suele dar paso a métodos de desarrollo coercitivos o poco inteligentes emocionalmente, que a su vez refuerzan los malos comportamientos y que tienen un precio a la larga en la salud de la organización y de sus miembros. Incluso en las numerosas organizaciones que proporcionan formación normalmente, el modelo de dicha formación suele estar diseñado para producir un cierto nivel de habilidades técnicas o cognitivas” (Goleman y Cherniss, 2005), cuando hoy sabemos que en las organizaciones emocionalmente inteligentes el rasgo diferenciador entre los profesionales no es tanto su capacidad técnica sino sus habilidades emocionales.

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Paloma del Henar Sánchez Cobarro. Doctora en CC. de la Comunicación. Profesora de la Universidad de Murcia. Consultora de comunicación. Especialista en recursos humanos e inteligencia emocional.

Sobre el autor

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